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Logo el Patio de las Flores en RióparLa naturaleza es invasora…, pero accesible desde cualquier punto de Riópar; un desafío en cualquier época del año, incluso en verano…

 

Los recién llegados traen ideas preconcebidas sobre espacios y distancias que casi nunca se ajustan a la realidad…  tras haber andado, tocado y vivido la experiencia, todo es muy distinto.

Y es que…, este es un lugar  sorprendente, con infinitas posibilidades exploratorias, donde cada uno sentirá y vivirá su experiencia de un modo único, libre y diferente al resto;  Así es… lo quieras o no, aunque estés familiarizado y lo mires desde dentro.

Aquí cada día es desigual, aunque muchos imaginen lo contrario; Vivir en estos parajes se parece más a un sueño fascinante que a una realidad.

Cada nueva inmersión  en la montaña supone una nueva historia, siempre tengo la sensación de haber llegado por primera vez aquí, donde hay miles de cosas que descubrir…

Hoy he salido al monte y he jugado a no perderme por un camino inexistente, sin mapas ni tecnología al uso, guiada únicamente por la intuición…, y he logrado salir victoriosa.

“Camino por el bosque como si de un laberinto mágico se tratara,  mientras busco la salida, encuentro la libertad y la aventura”.

El calor se hace notar…, necesito un meandro, un charco, un reguero…, me da igual, ¡quiero mojarme!

Escucho agua… ¿un arroyo entre los matorrales?¿Por qué me asombro? La maleza siempre suele esconder sorpresas … Y muchos secretos, pero no más que nuestra propia mente…

Bajo por la ladera desde la cima, a la que he subido minutos antes para asegurarme de no estar cerca de ninguna aldea, de ningún cortijo, ni de nada que se le parezca.  Tan sólo he divisado a lo lejos el trazado de lo que podría ser una senda como único signo de presencia humana, y me  he ahogado al verla…

Decido seguir perdida para meterme en el riachuelo con la interminable y densa vegetación como telón de fondo.

Las ramas  de los pinos están cargadas de incontables  agujas que se agitan alborotadas intentando calmar el viento…, el silencio es indescriptible…

Me despojo de todas mis ropas y de todo aquello que me vincula a la sociedad, mientras  me pregunto si es así cómo se siente la paz. Al tocar el agua mis sentidos asienten y dan un sí por respuesta.

Una piña cae a la poza, el sobresalto es monumental. Busco con la mirada el origen de aquel atentado y diviso en lo más alto del avellano una simpática ardilla que me mira fijamente…, se ha debido asustar tanto como yo, pues ninguna de las dos esperábamos encontrarnos.

Mientras me visto…  cierro los ojos e intento grabar en mi retina los cambiantes, callados y envolventes paisajes, rebosantes de frescor y de misterio…, más propios de Centroeuropa en la Edad Media que de la mitad sur de la Península Ibérica en el siglo XXI.

Desmarcarme del camino  fue siempre una aventura, un retroceder en el tiempo… donde las cosas siempre fueron distintas, y el tiempo… más lento y reconfortante.

 

Autora: MariCarmen Jiménez Rodríguez

Para aquellos que no siguen los caminos trazados y buscan experiencias únicas.

Biografía de autor

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